estoy donde quiero estar

Estoy exactamente donde debería estar

“Cada vez que migro tengo la mala costumbre de desvalorizarme”
Daniela Pacheco
Bolivia

En mi búsqueda constante de participar activamente en instituciones que quieren aportar positivamente al mundo, encontré a AIESEC, una organización de jóvenes universitarios que promueve el intercambio laboral internacional con un fuerte énfasis en que conocer el mundo te hace crecer en mente y alma. Fue a través de ellos que llegué a Bogotá a trabajar en un proyecto llamado “Abriendo Caminos”, cuyo fin era mejorar la calidad de vida de los desplazados por la guerrilla y el narcotráfico. Basta la descripción del proyecto para que imaginen lo que fue la carga emocional que pasé todos los meses que estuve allá, viendo cara a cara las historias de violencia, temor, tristeza, resignación, etc. Puede que me haya ido completamente desgastada, pero infinitamente agradecida con Colombia por compartir una de sus problemáticas más difíciles conmigo. En esta oportunidad tuve la suerte de compartir vivienda con otras integrantes del proyecto, lo cual hizo que más allá del desgaste laboral, cuente con amigas maravillosas que hacían que llegar a casa sea reconfortante. Es ahí que, por primera vez, fui consciente de lo importante que es para mí contar con un grupo de soporte en el país que me encuentre. 

La segunda vez fue un destino muy diferente, un poco más al norte y esta vez “al otro lado del charco”. Aproveché las maravillosas ofertas académicas que tiene Latinoamérica y me fui a hacer una maestría a Alemania. Gracias al apoyo del gobierno alemán (a través del DAAD), obtuve una maestría académica y de desarrollo personal intensivo, ya que me encontré con una cultura, una lengua y un clima completamente diferentes, que me enseñaron mucho y me tocaron muchas fibras emocionales. A diferencia de la primera vez, estaba muy complacida con el lado académico, y el estudio me tenía bastante ocupada, pero debido a diferentes factores, me llegué a sentir muy sola. Analicé las veces que juzgué a las personas que volvían a sus países de origen rendidos debido a diferencias meteorológicas, y aprendí la importancia que tiene el sol en mi bienestar físico y emocional. Me fui con una claridad total de la importancia de hablar el lenguaje del país donde resides, de la gran diferencia que puede hacer la ciudad que elijas, ya que viví un tiempo en Göttingen y después en Leipzig; pero más allá de esos detalles, me fui con muchas interrogantes sobre otros factores que posiblemente dificultaron mi integración.

Y la más reciente, además la única que fue por motivos completamente personales y no académicos, es mi llegada a Francia, siguiendo a mi corazón. El súper cliché de la migración por amor, de la cual podría escribir muchísimas páginas, ya que es un tema que me apasiona. 

El momento que me senté a analizar la posibilidad de mi tercera migración, puede que haya sido la primera vez que pude ser realmente sincera conmigo misma sobre este tema. Miré atrás con humildad y analicé cuáles podrían haber sido las causas que hicieron que mis experiencias pasadas tuvieran un leve sabor amargo, más allá de todo lo bueno que me dieron. Empecé a darme cuenta de que en ambas ocasiones estuve con un pie en el país donde estaba físicamente, pero el otro seguía en mi país de origen. Con esto me refiero a que honestamente nunca le di la oportunidad a ningún país, de volverse mi hogar, lo cual hizo que inevitablemente regresara a Bolivia terminados mis objetivos.  Recordé la cantidad de veces que renegué comparando cómo funcionaban las cosas y queriendo que estas sean “a mi manera”, en lugar de darme cuenta de que era YO quien tenía que adaptarse al país y no el país a mis necesidades. Analicé todas las veces que tomé todo de manera tan personal, y el daño que me hice al cometer un error tan grande. En fin, me di un gran baño de humildad que me ayudó a prepararme para no cometer los mismos errores una vez más.  

Puede que esta vez las cosas hayan sido así, gracias a todo el análisis y el aprendizaje de las migraciones anteriores, sumado a la madurez que solo te llega con cada año que pasa y sin duda gracias a una apertura total de mente y corazón. Con la claridad de que habrá buenos y malos momentos, como todo en la vida. Sabiendo la gran importancia de mi participación activa en una búsqueda de integración que me permita conseguir lo que yo quiero. Aprendiendo a que todo toma su tiempo, y la llegada a un nuevo país, no es la excepción. Yendo un día a la vez y recordándome cada día que estoy donde debo estar, y mientras ese lugar sea París, agradeciendo y disfrutando de la experiencia completa con todos los sabores dulces y amargos. Con la esperanza de que cada año que pasa, el sentimiento de no sentirme ni de aquí ni de allá vaya importándome cada vez menos. Con la intención de no dar por sentado, ni hoy ni mañana, la oportunidad de vivir en una ciudad tan única como esta, que reúne a personas de todas las nacionalidades, religiones y razas en un mismo lugar geográfico y al hacerlo, te hace “pertenecer” a ese gran porcentaje no francés que hizo de París su hogar. Con la bendición de mi familia y de mi bella Bolivia, a quienes llevo siempre en mi corazón, que me dieron unas hermosas raíces para recordar con orgullo mi cultura y mi origen, pero también me dieron unas hermosas alas para volar tan alto como pueda y descubrir así nuevas oportunidades y aventuras.

Si me preguntan cuál sería el consejo que podría dar a alguien que quiere migrar para apoyar con su proceso, o que me hubiera gustado saber antes de migrar, creo que me costaría mucho poder hacerlo, ya que aprendí que más allá de las similitudes, cada proceso migratorio es absolutamente único. Más allá de la importancia del lado “administrativo”, que hace que todo sea menos estresante inicialmente (recolectar por adelantado la mayor cantidad de información sobre visas, costo de vida, permisos de trabajo, vivienda, educación, etc.), humildemente insisto en que algo aún más importante, es la capacidad de poder migrar con el alma y la mente completamente abiertos, y en paz. Listos para afrontar de la mejor manera todo lo nuevo que está por llegar, con la mejor intensión de adaptarse y aprender de cada situación, intentando que la energía de tus pensamientos y tus acciones apoye la creación de la realidad en la que quieres vivir, sin importar donde te encuentres. 

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