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Lo que llega después del invierno

Es difícil elegir entre todas las opciones de escritoras latinoamericanas que ahora ocupan un lugar importante en el colectivo cultural de la comunidad hispanohablante. Digo escritoras latinoamericanas especialmente porque, ahora abiertamente, son mujeres que pueden  expresarse y pueden publicar. 

La primera tiene que ser mexicana, entre todas las opciones pensé en Guadalupe Nettel. Es algo cursi pero fue esta escritora a quien descubrí en Francia, muy lejanamente había oído hablar de ella, pero no recordaba eso cuando elegí el libro. Y sí, como fue descubierta por mí, unos días antes de la llegada de la pandemia y unos días después de mi recién llegada al país decidí que será la novela de Guadalupe Nettel de quien hablaré en esta primera entrada al blog.

 Yo soy de las cree que los libros llegan a nosotros de forma autónoma, no los buscamos conscientemente, y aun así  llegan a nuestras manos, nos tropezamos con ellos.  Ya sea por que nos los recomiendan, nos los prestan, e incluso porque debemos entregar algún reporte escolar. Muchas veces, al entrar a una librería o a una biblioteca, cómo fue mi caso, nos fijamos en la portada del libro, el título, -ahora- en el idioma, o en mi caso, en motivaciones más emocionales como la nostalgia. Este sentimiento fue lo que me llamó a elegirlo. 

Este libro, particularmente, lo encontré en una biblioteca en el 3émarrondissement de Lyon.  He aquí la historia:

Lo primero que noté fue que los libros de las bibliotecas lyonesas -ignoro sí en las demás ciudades francesas es el mismo caso- están perfectamente forrados de plástico para su buen mantenimiento, todos y cada uno de ellos; en México no pasa así. Las bibliotecas en Lyon son más pequeñas a lo que estaba acostumbrada, pero me agrada que siempre hay usuarios. 

Lo que hizo que me decidiera a tomar el libro fue el título  Después del invierno (Anagrama 2014), ¡estaba escrito en español!, y la edición es de una editorial que conozco bien y que sé, han tenido muchos aciertos en sus publicaciones. Sin saber que días después iban a cerrar todo y que nos prohibirían salir durante tres meses, lo tomé prestado. “Afortunadamente en las bibliotecas de aquí hacen préstamos de libros por un mes completo”, pensé en el momento que lo llevé a casa, porque aún no concluía el libro que estaba leyendo en ese entonces. 

Comencé a leer la novela justo los primeros días de la pandemia como ejercicio de lectura en voz alta. Sin tener idea de qué iba a tratar y sin tener ninguna expectativa, solo sabía que iba a haber dos voces, una masculina y una femenina, que los personajes iban a ser migrantes y que curiosamente, la mujer protagonista, estaría viviendo en la capital francesa. 

A lo largo de la novela, Nettel nos hace reflexionar sobre la ligereza de la vida. Con un estilo humorístico y a la vez conmovedor nos muestra los diferentes tipos de relaciones amorosas que viven los protagonistas de la historia. Cecilia, una joven mexicana que por estudios emigra de Oaxaca, México a París, Francia, obsesionada por los panteones, depresiva pero con ansias de conocer, comienza una relación con un francés, Tom. Hombre mayor que ella, enfermizo y que comparte su obsesión por los panteones; paralelamente, Claudio, un hombre Cubano que vive en Nueva York, nos cuenta sobre su relación casi fallida con Ruth y sobre sus recuerdos tristes que dejó en la Habana pero que por alguna razón se manifiestan de nuevo. 

Cada uno de los protagonistas nos comparte su vivir, sus recuerdos del propio país, algunas experiencias dolorosas que vivieron en su pasado y su forma de sentir el presente. 

Será en un viaje que Claudio realiza a París que la vida los junta, y a partir de ahí, se suscitará una historia entre ellos, que no necesariamente es convencional. 

Es una lectura rápida, en cuanto la comienzas no puedes dejar de leerla, es conmovedora, emocionante, ríes, lloras, te enojas,  y lo que para mí es primordial: logra despertar los sentidos de quienes la leemos. Por medio de  composiciones musicales – sonoras y visuales, Nettel nos transporta a los espacios y lugares que forman parte de la historia. las voces de los protagonistas, desde su narración nos hablan directamente, nos volvemos sus confidentes. La autora logra que nos apropiemos y tal vez, que nos reflejemos en la lectura. Después de leer, una como lectora queda a flor de piel. Nettel nos enseña mediante estas voces cómo la vida pasa tan rápido, que mientras unos parten, otros llegan y que es parte de estar vivo, que cada ser que nos topamos deja algo en nuestra vida de una forma indirecta o muchas veces explícita.  Y que al final ‘no pasa nada’, porque debe ser así, aprendemos a perder pero también a recibir lo que llega después del invierno.

La recomiendo leer en conjunto con alguien más, creo que le da un cambio a la experiencia de leer. Sino, igual se disfruta como lectura en solitud. Para estos días lluviosos vale la pena.   

Adriely Alcántara

Lyon, Francia. Septiembre 2021

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