Migracion_Francia

La migración no es un cuento de hadas

“Tanto me costó adaptarme a Francia, pero fue peor volver a México”
Sol Rodríguez
México

Mi historia de inmigración comienza a mis cortos 17 años. Comenzando la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, carrera que seleccioné por mi gusto por las matemáticas y la física en la preparatoria. Muy joven e inmadura para saber lo que realmente quería hacer con mi vida, fue el exterior quien se encargó de mí: en el primer semestre saqué el mejor promedio de mi carrera y me comentaron que podía obtener una beca para estudiar en Francia y tener una doble titulación. La universidad me ofreció clases de francés para poder pasar los exámenes y entrevistas. Así que después de dos años de carrera, logré obtener aquella beca para irme a estudiar en la Escuela Central de Nantes en el 2013.

Una beca que tanto deseé sin saber lo que significaba, vivir sola y lejos de casa a una edad tan corta. Nunca había viajado y vivido sola, vaya, ni siquiera había tomado un avión. Y me costó tanto adaptarme, entender el francés y las clases, por lo que entré en una depresión durante mi primer medio año en Francia, a causa del clima, de mi soledad, de mi poco autoconocimiento y de echarme la culpa continuamente de que mi relación en México había terminado por venirme a vivir lejos. Duraba semanas encerrada en mi cuarto esperando que solo pasara el tiempo, llorando y comiendo. Como resultado, el primer semestre reprobé materias y terminé detestando mi propio sueño. Y es que hubo un momento donde toqué fondo, física y mentalmente y le tomé tanto “rencor” a esta experiencia, que lo único que pensé, fue ¿Por qué si he pasado por tantos problemas, me iré de aquí con las manos vacías?, ¿Por qué si mi sueño era también viajar, conocer culturas, comer, sigo aquí encerrada en mi burbuja autodestruyéndome? Tenía una tarea muy importante y era demostrarme a mí misma, de lo que era capaz. Además, lo mejor que pudo pasarme, fue darme cuenta de que no estaba sola, que en esa depresión, era yo quien me aislé, que hay mucha gente que ha pasado por el proceso y que son estas personas que más te apoyan para entender cómo salir de ahí. Se tiene que ser humilde y agradecida con estos amigos que te hacen darte cuenta de que aún lejos de casa, no estás sola.

Antes de venir al extranjero, escuchas muchas experiencias sobre lo que es vivir fuera de México y lo único que escuché, eran cuentos de hadas, por lo que me sorprendió y deprimió al ver que mi historia estaba lejos de serlo. Hasta que dejé de aislarme, y vi que no era yo el problema, que en realidad todos tenemos un proceso de adaptación del cual también se tiene que hablar. Y me parece un poco injusto que solo te cuenten lo bonito de vivir afuera, es también esencial que cuentes las dificultades y sobre todo, cómo poder salir de ellas. Me hubiese encantado que alguien me preparara al menos mentalmente para muchos obstáculos que no ves antes de partir, aunque sean obvios: saber que en México somos muy acogedores y que eso no pasa siempre en otros países. Valorar cuando llegas a casa y te preguntan ¿Cómo te fue?, ser humilde y tolerante, que deprimirse está bien, que no hay problema, no hay que ocultarlo. Pero que solo es una etapa, lo importante es saber estar contigo mismo, conocerte y aprender a quererte.

Después de mi necesidad de salir del hoyo tan profundo que yo sola excavé, logré salvar el primer año de la carrera en Francia y al final pude conseguir una beca francesa para el segundo año, tenía que terminar bien lo que empezó medio mocho. Y sirvió, porque fue justo en este lugar donde encontré ¡por fin!, a lo que quería dedicarme: los automóviles.

Después de dos años y medio, aprendí a amar Francia, a mi manera. Aprendí sobre todo a estar conmigo misma. En el 2016 volví a México para terminar mi carrera también allá. Me costó tanto adaptarme en Francia y está bien, es normal, pero me sorprendió aún más lo que me costó adaptarme a México y es que pensaba ver todo tal cual lo había dejado. Sin embargo, no fue así, había crecido, conocido países, culturas, era independiente y ahora, volver a vivir con mi mamá, una mujer que amo y admiro, que me apoyó cuando decidí irme. Pero extrañaba mi libertad, tomar decisiones sola, poder salir vestida como quisiera sin sentirme en peligro, aun de noche y aún después de haber tomado. Además, mis amigos de México, ya estaban en otros trabajos o en otros rumbos, pero yo seguía en la universidad. Y también en mi egoísmo de niña, extrañé vivir sin las órdenes de mi mamá, sin sus preocupaciones cuando salía, simplemente porque soy mujer.

Acabé de nuevo en un proceso de adaptación, donde a los pocos meses de llegar estaba envuelta en una relación tóxica, donde al final, aprendí lo que no quiero en mi vida: vivir rodeada de una sociedad machista donde tus sueños son vistos como algo  egoístas, absurdos y muy grandes para alguien como yo. Donde estás obligada a pedir perdón por tus acciones, que en realidad no son malas y sobre todo, donde el control parece que no te pertenece. Y aunque ahora lo escribo así, como si nada, como si me hubiese dado cuenta rápidamente de todos estos problemas, no fue así, fui a una psicóloga que me apoyó mucho para no dejar atrás mis sueños y poder salir de ese momento donde estaba aislada. Saber pedir ayuda profesional, es también indispensable en toda adaptación y no debe ser visto como un tabú, gracias a ella pude recordar que el control de mi vida me pertenece.

Trabajo actualmente en el departamento de modelización de motores y automóviles y mi tema principal es todo lo relacionado con las emisiones contaminantes, desde que salen del motor, hasta su tratamiento en la línea de escape. Busco igualdad, busco respeto, pero también busco que no piensen en mí como la mujer o como la extranjera, sino como una ingeniera más, una ingeniera que consiguió su lugar por sus conocimientos y su gusto hacia los motores y la programación. Entrar en el mundo laboral no es fácil, pero si uno mismo piensa que no es capaz, ya sea por tu sexo, edad, cultura u otras cosas que no tienen nada que ver con lo que tú puedes aportar a la empresa, será todavía más complicado. Hay que saber valorar lo que uno vale, para que otras personas vean tu valor.

Yo creí que aún como mujer extranjera podría entrar a trabajar en un tema tan odiado en el momento: los coches en un ambiente tan lleno de hombres, yo creí que podría viajar y conocer infinidad de países, creí que era capaz de conseguir mi maestría y aprender francés, creía en mí al final del día. Pero también, trabajé y mucho, dejé de disfrutar cosas en mi juventud por darle prioridad a sueños muchas veces vistos como “nerds”, y aprendí que todo se dará a su tiempo. No hay que disminuirnos por ser mujeres o ser extranjeras, no es el sexo o el pasaporte quien hablara por ti, haz que tus conocimientos, tus valores y tu respeto lo hagan.

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